Era un día primaveral del 2010, jueves para más exactitud, y mientras nos dirigíamos airosos a nuestra cita mensual con el Consistorio de Getxo, con el Pleno, algo nos recordaba a Gabriela Mistral cuando cantaba…. ”de arbustos fecundo, se ríe de todas las penas el mundo”. Teníamos que asistir a una de más de sus sesiones, plomizas y monótonas en las que siempre los munícipes tienen mil asuntos anodinos que tratar con la mayor parsimonia de la que son capaces, en sesiones no exentas de cuchilladas traperas asestadas sin atisbo de compasión entre los concejales/as.

Terminado el estudio (bueno, de alguna forma habría que denominar las sinsorgadas que sueltan los grupos políticos), se da prácticamente por concluida la sesión, por llamarla de alguna forma la “oficial” y se da paso a las intervenciones del público, que dicho sea de paso suelen ser bastante variopintas. Eso si, esta parte no-oficial la hacen sin la presencia de secretarios de actas que puedan recoger las exposiciones de la ciudadanía. En la práctica, las intervenciones del público son escuchadas con algún que otro interés por parte de los ediles, si bien se les nota su afán por concluir cuanto antes esta parte de la sesión y escaparse a tomar el fresco de esta lozana primavera para disfrutar de un bien merecido descanso después de su agotador trabajo matinal.
Sin embargo, en la sesión 25 marzo, una modesta “Asociación de Vecinos de San Nikolas - Antzokia“ tenía algo que decir, y vaya que ¡si tenía algo que decir! Al tomar la palabra, el representante de esta asociación invirtió algo más de 15 minutos en dar lectura a unos folios concienzudamente preparados. Su clara intención era manifestar, una vez más, y ya van demasiadas para su paciencia, la disconformidad y el desagrado por la forma en que se está ejecutando el proyecto del Nuevo Antzokia, que por su magnitud asemeja un Palacio de Congresos.
En los 15 minutos en los que expuso sus puntos de vista, llamó la atención de los y las ediles sobre el disparate de la construcción proyectada cuya volumetría es más que exagerada, advertencia ya de sobra escuchada por las y los concejales, tanto por las intervenciones realizadas en otros plenos, como por la prensa, e incluso por publicaciones interesadas como el Getxo Berri, el auténtico, ya que el “alternativo” de reciente aparición por vía clandestina, seguro que apoyaría a los vecinos olvidados del municipio.
Con todo el respeto y sin ánimo de ofender, sino como quien afirma algo evidente, el representante de la asociación se dirigió en su parlamento principalmente al alcalde, por ser la máxima autoridad del municipio y porque en el asunto del Nuevo Antzokia, se percibe claramente su impronta personal y su incuestionable obsesión por hacer algo llamativo y singular.
Sin embargo el alcalde, aparentemente, soportó la lluvia de evidencias que sacaba a la luz del día en los argumentos del represente de la asociación, finalizado el cual, con gesto altivo y distante el alcalde cogió la palabra para aclarar que la ausencia de los secretarios se debía al hecho de que terminado el turno de los grupos políticos, prácticamente concluía la sesión y que daba paso a la ciudadanía como un rasgo de cortesía, al no estar nada reglamentado sobre el particular, es decir, los que tienen algo que decir son algo así como invitados de piedra. En las primeras frases del alcalde, se pudo apreciar que tenía conocimiento previo del contenido de la intervención, dado que singularizó la ausencia de secretarios y escribanos, cuando precisamente ese era el primer punto del representante de la asociación. Acto seguido agitó con la mano derecha unos folios similares a los del lector. Este imprevisto suceso no alteró el ánimo del ponente, qu

El alcalde dirigiéndose al representante de la asociación, y en tono francamente conciliador, desgranó punto por punto parte de lo expuesto. Fue tal el impacto de la intervención, que el alcalde evitando lo más importante del mensaje, se centró en detallar veinte adjetivos o frases del texto como poco laudatorias, estadística que sorprende, pero delata a los escribanos que le pasaron la nota con ese dato.
Terminó el pleno y la posterior sesión pública después de cinco horas y media, y como siempre ocurre en estos actos municipales, nos fuimos todos a casita sin obtener ni una sola promesa de que van a desistir de continuar con su actitud de “sostenella y no enmendalla”, pero con la conciencia de que con nuestro discurso algo hicimos para mejorar las condiciones del pueblo. En cierta forma nos sentíamos como Don Quijote después de luchar contra los molinos.